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Las elecciones del 20 de noviembre en España las ganó la izquierda, sic, ¡la izquierda!

 

Autor: Leonardo Diosdado Crespo Matías.

14 de noviembre de 2011.

La instauración de la democracia representativa burguesa en España tras la muerte de Franco, a mediados de los años 70 del siglo XX, nació profundamente sesgada. Además de reinstaurar la monarquía, colocando en su trono a una figura que no había hecho méritos para ello (el rey Juan Carlos de Borbón), estableció un sistema electoral de segundo grado, lo que implica, que el presidente del gobierno sea electo según las mayorías obtenidas por los distintos grupos, y que en España, aunque no es una regla escrita ha correspondido siempre al partido más votado, regla que presumiblemente seguirá existiendo en el futuro próximo.

Pero, ¿quién ha ganado las elecciones?. Si nos atenemos al hecho de que son los ciudadanos que asisten a los colegios electorales los que determinan el ganador, ha sido el partido Popular PP (heredero espiritual del régimen franquista) el ganador, con el 44 % de los votos válidos escrutados; aunque si nos atenemos a los grupos que tenían derecho a votar (lo hicieran por alguna afiliación política o no) el grupo ganador de las elecciones del 20 de noviembre en el reino de España fue la abstención, un total de 31 de cada 100 personas con derecho a voto, frente a 30 de cada 100 que lo hicieron por el partido ganador, el PP.

¿Por qué tantas personas no asistieron a la convocatoria electoral?. Según el prisma de los intereses de clase con que se analice, habrá de respuestas, pero lo que si salta a la vista tras un mero análisis, es el hecho de por quién no votarían nunca esas 31 personas: en primer lugar, nunca lo harían al PP (que fue el partido ganador); las fuerzas sociales que lo hacen por él son fundamentalmente, las clases acomodadas, ricas, rentistas, accionistas, el empresariado, la población católica más conservadora, casi todas las personas de la tercera edad jubilados a las que se le prometió en medio de la ola de recortes no bajarle nunca sus pensiones, y sin duda alguna, algún confundido políticamente por toda la verborrea y el poder de los medios de comunicación masiva, absolutamente en manos de la derecha, pero éstos últimos siempre serían minoritarios al lado del resto.

En segundo lugar, al menos la gran mayoría de esas 31 personas no votarían al PSOE, un partido de clase media, y media alta, incluida aquí a la gran masa de trabajadores de alto poder adquisitivo que la producción fordista creó en España en las últimas tres décadas, que juegan en esta época histórica un papel conservador, porque dichas empresas están en franca decadencia y amenazadas por la siempre temible deslocalización geográfica, en resumen es esa clase media que según Lenin camina hacia adelante pero mirando hacia atrás.

Ese mayoritario grupo de la abstención es un conjunto de personas que por su situación objetiva: desposeídos de medios de producción, carentes de propiedad (a veces hasta de viviendas), desencantados con el sistema que los margina y les impide acceder al consumo de masas al menos en la misma dimensión del que si disfrutan los dos sectores anteriores, son por naturaleza votantes de izquierda, que sumados a los 5 de cada 100 con derecho al voto, que si lo hicieron por las distintas afinidades de la izquierda peninsular, conforman el mayoritario grupo que en realidad ganó las elecciones del pasado 20 de noviembre 2011 en España. Lo que si debe asumir como autocrítica la izquierda institucional española, sea del signo que sea es: ¿Por qué ese grupo, cuyas condiciones los hacen sus verdaderos y naturales aliados, no les votan?, ¿qué tiene que replantearse la izquierda en ese sentido?, ¿qué anda mal en su estrategia, y qué tendrá que arreglar en la misma de cara al futuro?. Es algo que deben abordar aquellos cuya esencia, indiscutiblemente es la lucha por los humildes y para los humildes.

Otras cifras muestran también la regresión de la derecha: Si comparamos el número de diputados que el núcleo duro de la burguesía peninsular (PP, PSOE, CiU, PNV) obtuvo en las elecciones de 2008 y las conseguidas en estas elecciones de noviembre de 2011, la cifra arroja 339 diputados en 2008, frente a 317 en las actuales. Si la comparación se centra solo en los partidos de la burguesía que tienen representación a nivel de todo el estado PP y PSOE, la situación es de 322 diputados en 2008, frente a 296 en las actuales elecciones con un decrecimiento de 8 %.

Esto significa que las elecciones del 20 de noviembre en España las ganó la izquierda, (sic), ¡la izquierda!, y que si el PP ejercerá el control absoluto de la vida política española en los próximos cuatro años (186 diputados de 350), lo que le permitirá gobernar en la práctica por decreto sobre todo los temas, es porque el ordenamiento político-jurídico burgués vigente se lo permite, y esta diseñado para tal efecto, porque, además de que en España el voto de un ciudadano no vale lo mismo según el lugar donde haya votado, en la democracia burguesa el poder político es la firme garantía de que los intereses económicos estarán a buen resguardo, además de asegurar las condiciones óptimas para la acumulación incesante de capital.

Por último destacar, que en las últimas elecciones, se verifica una tendencia que comenzó en las elecciones de 2008, y que supone un verdadero peligro para la izquierda si se acentúa, y es la irrupción del partido de Rosa Diez UPyD, un partido diseñado por los planificadores de la oligarquía financiera española, para extraerle votos al ala más moderada de la derecha ibérica (el PSOE), con el fin de impedir, que la misma jamás pueda alcanzar los posibles más de 11 millones de votos (si es que no hay otros partidos capaces de drenarle votantes), y así poder controlar el ajuste que se producirá necesariamente en el capitalismo y la civilización occidental, producto a su decadencia y agotamiento histórico. El más de 1 millón de votos que UPyD le ha extraído a largo de toda la geografía española son ya de difícil atracción nuevamente por el PSOE, lo que hace aún más perentoria y necesaria una nueva estrategia de la izquierda española para traer a las urnas los más de 11 millones de votos que le pertenecen pero no visitan las urnas cada vez que hay elecciones. Es la hora del análisis, el recuento y la marcha unida.