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CAMBIO CLIMÁTICO: FRAUDE CATASTROFISTA CONTRA LOS DESPEGUES PRODUCTIVOS INDEPENDIENTES

 

 

AUTOR: TAMER SARKIS FERNÁNDEZ

       No hay nada que como individuos podamos hacer para prevenir el Cambio Climático...

 

       ...porque el Cambio Climático no existe. Ello no significa que los desórdenes medioambientales sean pura mentira: por supuesto, el desierto se expande, continúa la deforestación, hay especies animales en peligro -entre aquellas especies que persisten-, la masa selvática va viéndose reducida, cambia la lluvia en frecuencia y constancia de ciclos, se multiplican entre nosotros las enfermedades respiratorias y mortales, la modificación capitalista sobre la naturaleza de la alimentación animal de crianza origina mutaciones y así desórdenes mórbidos entre los consumidores, la soja transgénica es agregada a cada alimento por los monopolios agro-industriales que intentan reducir la sobre-producción de la misma, y esta invasión nos envuelve de ignotas hipertrofias hormonales, etc.

 

       Pero, en tanto que fenómeno periodístico y político, el “gran” espectáculo del Cambio Climático es básicamente un artilugio pensado por Think Tanks al servicio de viejos Imperios; artilugio fraguado con objeto de conservar la vieja división productiva internacional y así con objeto de evitar nuevos desarrollos industriales independientes que intentan ser sostenidos por nuevos países y centros ya en trance de poner en peligro a esa vieja hegemonía menguante. Bajo el manto de “la Catástrofe” y su voz de alerta, yace el grito de miedo imperialista: “Danger: multi-polarización de las Propiedades reales sobre los procesos productivos generadores de Valor y capitalización”. Así, la secuencia: cuento catastrofista tragado, “acción colectiva cívica”, desiertos industriales, dependencia sellada en el Sur.

    

       Desde hace unos treinta años, los Estados Unidos están perdiendo aceleradamente su % de PIB sobre el PIB total mundial, tendencia que continúa acelerándose exponencialmente. Así que Al Gore fue pagado por su propia Administración Bush a fin de lanzar un mensaje claro a una masa de espectadores “occidentales” hondamente condicionados en “ecología”: “El Mundo camina hacia su propio ocaso, de modo que nosotros -<<Guardianes y veladores de la Humanidad>>- debemos hacer cualquier cosa en nuestras manos para poner orden en este desorden”. Y, huelga decirlo, la Potencia hegemonista tiene establecidos sobrados poderes y sendas de presión en clave de comandar Resoluciones y Cuotas en “Conferencias Internacionales Medioambientales” y Encuentros...

       El Hegemonismo no puede manejarse exitosamente en la arena de la competencia por el provecho industrial, dado la colosal crisis de sobreproducción de capitales que sufre (los Estados Unidos deben invertir un promedio de 4 puntos de Valor por cada punto adicional que obtienen efectivamente). Así pues, piensan: “Veamos si pudiéramos al menos decelerar el desarrollo de terceros”. Diseño de conflictos y de guerras, maniobras diplomáticas, cercos geográficos y posicionamiento militar, “intervenciones”, sujeciones financieras, compras gubernamentales, reemplazo de sistemas institucionales y de Líneas políticas de la mano de la ingeniería social y de servicios secretos...; esto es el “pan nuestro mundial de cada día” que se corresponde a las recetas hegemonistas de “auto-recuperación”. Y el “Cambio Climático” participa en pleno de esta polifacética ofensiva:

 

       En nombre de salvar el Mundo del Cambio Climático, el super-Imperio trata de dictar a terceros sus Tasas legales de emisión, mientras él consigue apropiarse las Cuotas de un mosaico de países dependientes con vistas a incrementar la propia cuenta estadounidense de permisividad contaminante. En algunos casos, a los Estados Unidos les basta con comprar cuotas, operando con la ruina económica de esos países como la mejor Ley del Embudo posible (habiendo generado la necesidad, el super-Imperio genera la necesidad subsiguiente de vender “derechos”). En otros casos, los Estados Unidos fijan esas cuotas terceras a cambio de su soporte financiero, militar y de “contra-insurgencia”. Otras veces, usan la amenaza (variada: jurídica de sanción, de bloqueo, etc.).

       Y ese acopio -esa centralización del Potencial de producción-, ¿para hacer qué?: ¡la mayoría de veces, nada!. Pues los compradores monopolistas estadounidenses en esos mercados “ecológicos” son incapaces a la hora de aprovechar por sí mismos este potencial, que permanece inerte (aunque esto forma también parte, en definitiva, de esta misma estrategia política: secuestrar potencial productivo soberano de terceros aunque sea para poner a este potencial “en stock”).

      

       Todo este “clima de opinión y sensibilidad”, es creado así mismo para dar “sustento” a la idea nihilista de que “somos un cáncer para el Planeta y para la vida, y somos demasiados”. Así que los Think Tanks del Hegemonismo (más todos sus faranduleros, “cantantes” y “artistas” líderes de masas) están hablando ya de “mal menor”: genocidios “bajo control” (bajo el suyo) con objeto de “garantizar el desarrollo sostenible”, “la sostenibilidad”, “el futuro”, así como para dar “oportunidades contra la pobreza” (por el camino de “reducción” de pobres).

       Esta última Ratio exterminadora inscrita en las líneas de mano del monopolio capitalista, se muestra envuelta tras la atemperada cortina “científica” y “racional” de neo-maltusianismo. Cortina que ondea con insultante “realismo” una vez que el ciudadano ya ha aceptado como pétreo fetiche a esa misma Matriz de escasez y miseria que luego viene a diseñar “genocidio controlado” para extirpar el “índice sobrante” de población. Demografía (con su fardo de “pesadas e in-sobrellevables necesidades”) supuestamente depredadora y amenazante para “la continuidad vital y las perspectivas de Bienestar humano”.

      

       Mientras el Hegemonismo causa morbidez deliberada en el agua a fin de alcanzar “la armonía entre las Tasas de Mortalidad y Natalidad”, que ha de permitirle proseguir con su sistema salvaje “en concordancia a los techos de demografía”; mientras el Hegemonismo corrompe la comida, diseca químicamente terrenos y campos; mientras sus bombas de uranio irradian y mutan nefastamente a un Pueblo tras otro en Irak, Yugoslavia, Afganistán, Libia..., el propio Hegemonismo nos conciencia del “Cambio Climático” y de “nuestra culpa, sucia, grandísima culpa”. El Hegemonismo esconde a la Muerte -se esconde a sí mismo- tras espectaculares ropajes fluorescentes, que nos imploran por la pureza atmosférica aposentados desde esas Dependencias e Instancias que convierten la Tierra en infierno. Ellos -nuestros asesinos- nos “alertan” respecto de nosotros mismos, pero en este punto se hace interesante recordar la respuesta que Mao diera al “pragmatismo” ideológico de control de natalidad:

       “Toda persona nace sobre la tierra con un estómago y dos manos para alimentarlo. ¿Dónde puede residir, entonces, el problema?”. Por supuesto, el problema reside en un sistema voraz de ordenación imperialista mundial en guerra abierta con la vida a fin de reproducirse a sí mismo y al modo específico de “vida” social reproducida consigo mismo (“vida” social alienada de lo que pudiera ser cubrir necesidades a través de su propia actividad objetiva consciente).

 

       Por lo demás, es prioritario que la biliosa maquinaria de culpa funcione proyectándose “hacia afuera”, enemistando a las ciudadanías brasileñas, rusas, sudafricanas, ecuatorianas, bolivianas, chinas o indias con “la gris proliferación industrial” y sus apocalípticas calamidades. Y tanto más si los “pérfidos fabricantes” no cumplen “con la Legalidad internacional” en materia de filtros y vertidos. O de eso acusa por lo menos el Hegemonismo en sus “informes”, enmascarados con el fragante “más allá del Bien y del Mal” al que aún huele para tantos el sello de “la ONU” o del “tejido civil no-gubernamental”. Con apremio se pone, la ingeniería social, a buscar sembrar en esas latitudes una “juventud de sensibilidad ecológica” aquejada, en su sentido de la estética, de la fealdad fabril, y siempre dispuesta a marchar o a ocupar plantas “to save the Planet”.

       Preservar la virginidad del “Amazing Planet” parece ser “lo obvio” pensando en “el no-occidente”, aunque tal pureza prístina aparezca recorrida y rebozada por cementerios millonarios de tugurios de miseria. Ya nos lo rezan claro los variopintos marcos “teóricos” particularistas dentro de la “Ciencia Social” -Antropología, Sociología, Ciencias Medioambientales, Ciencias Políticas...- dominante en postmodernidad: la tecnología, técnica, inversión en innovación, los humos, las fábricas, la producción masiva, el “consumo”..., son feo distintivo “de occidente”, contra cuyo mimetismo mundial galopante ha de luchar todo buen ser humano respetuoso de “la multi-diversidad”. ¡Y a “preservar la diferencia cultural”!, salvo, claro está, si el tramo productivo fabril, la mina o el yacimiento que aprisiona a “la alteridad” es de propiedad y Capital occidentales. En ese caso último basta con derramar lágrimas de cocodrilo ante la fatal imbatibilidad del “crecimiento expansivo”, y conformarse con que al menos tanto prosaísmo exportado sea en aras del Progreso: coordenada donde los denostados “consumo” y “mentalidad de consumo” se vuelven “relativo acceso a bienes y a cuotas de Bienestar”.      

 

       Por último pero no de menor importancia, este paradigma de “Cambio Climático” está promoviendo una “crítica” parcial sobre “lo nuclear”, con objeto de evitar que el desarrollo industrial ajeno devenga con firmeza independiente respecto de las políticas del petróleo tanto como del petro-dólar.

       Los dobles raseros usados en torno a este punto son obvios: las “democracias” (imperialistas) y sus lacayos concentran la arrasadora mayor parte del volumen energético nuclear mundial, mientras cualquier competencia conquistada por Pueblos que luchan contra su propia dependencia, es un movimiento etiquetado de “peligroso”, “sospechoso” y “desestabilizador” (y así es..., para los intereses monopolistas). Sin ir más lejos, desde sus mismo inicio Green Peace fue obteniendo soporte financiero de Rockefeller y de “las Siete Hermanas” conformadoras del monopolio petrolero estadounidense.

      

       Como no podría ser de otra manera, armas y arsenales ocupan también el centro de este punto de mira salvacionista secular: la máxima es que todo arsenal debe continuar siendo producido y acumulado por los mismos de siempre, a fin de denegarle al Mundo cualquier oportunidad de obstruir el monopolio y la Dictadura que éste implica. Así pues, el Mundo queda sobre sus rodillas en forzado “amén” a la Ley del más fuerte. Pero, paralelamente, el desarrollo del comercio en materia de Defensa y la firma de contratos está reflejando un desarrollo en materia de unificación entre disidencias nacionales y de cooperación, tanto como refleja cómo las independencias políticas están portando, anexas a ellas, alternativas productivas en apertura.

 

       Por esta razón -dar respiración asistida a esa sangrienta, asesina Ley del más fuerte-, Amnistía Internacional se haya en Campaña imperialista “contra la no regulación internacional del tráfico armamentístico”. En “virtud” de esas “filantrópicas” reglas, Sudáfrica, Siria o cualquier otro país en el futuro deberían ser privados de aptitud de respuesta..., a no ser que se convirtieran a satélites bien metidos dentro de la cartera monopolista y así empezaran a aparecer -”a pesar de sus faltas”- en los Rankings oenegeros “de democracia y voluntad de pacificación”. Tal y como figuran India, Colombia, Israel, Túnez, Turquía, Indonesia, Filipinas, Corea del Sur o Egipto, “imperfecciones en desarrollo y auto-superación” aptas para ser benditas y armadas hasta los dientes por los Directores de esos “pacifistas”, “en pro de la paz y el equilibrio mundiales”.

 

 

 

                                                                                                 Tamer Sarkis Fernández para DIARIO UNIDAD